Rescatado un hombre
con el pene atascado en la tostadora (Lavanguardia.com)
Puedo entender que un libro cause un gran revuelo, más si es
de contenido erótico, el picante siempre genera interés, o al menos morbo, que
para vender ejemplares es el mejor reclamo. Algunos escritores se han
convertido en vende bestsellers y su cuenta corriente certifica que ha sido una
sabia (o rentable) elección.
Como todas las modas, hay que tomarlas con cierta
precaución, no conviene fliparse demasiado. Especialmente cuando hablamos de una
obra de ficción. Esto quiere decir que lo mismo todo lo que aparece narrado en
su páginas no es posible llevarlo a la práctica en el mundo real.
Vale, no he leído el libro (por algún motivo que no alcanzo
a comprender ha causado furor especialmente entre el público femenino, a pesar
de que la protagonista es sometida a prácticas de sometimiento y humillación).
Tampoco soy uno de esos tipos “con mucho mundo” que han
viajado a miles de sitios exóticos, han practicado el sexo en todas sus
variantes y posibilidades, incluidas las más extremas. Todo lo contrario, con
lo que sé sobre relaciones sexuales no se podría escribir ni un folio (por las
dos caras, cuidado). No me dejan jugar a “Yo nunca” porque después de 6 horas
no he bebido ni una sola vez.
A pesar de ello me veo capacitado para opinar no desde la
experiencia, sino desde el sentido común.
Una de las pocas enseñanzas que he podido sacar de mi corta
experiencia es que el sexo es muy divertido. Y adictivo. Una vez que lo
pruebas, siempre te parece poco.
Pero vamos a ver, hay sitios donde no es lógico meter
nuestros penes, aunque por su forma y
profundidad sean propicios para albergarlos y pueda dar mucho gustito. Tubos de
aspiradora (sobre todo si está en marcha), buzones (mejor sacar el correo por
el método tradicional) o tostadores (si era una petición culinaria de su
pareja, que le gusta comérselos más tostaditos, vale)
Y vosotras queridas amigas, para los calores internos a
falta de un hombre (nótese que no le he añadido adjetivos calificativos como “bueno”,
“decente” o “competente en la cama”), existen objetos diversos fabricados para
el uso específico del alivio vaginal, con diferentes formas, con marchas
dependiendo de la prisa que se tenga. Una oferta variada.
No es necesario
recurrir a soluciones caseras frutícolas (pepinos, plátanos, calabacines, lo
que se conoce como “macedonia cachonda regada con flujos vaginales tibios”, al
tubo del aspirador (según el accesorio que le pongas, puede valer para ellos y
ellas), palos de escoba, tacos de billar, pomos de puerta con formas
interesante.
Entiendo que el rollo de las esposas sea bastante popular. A
casi todos nos gusta jugar a policías y ladrones, tiene su punto. Y está bien
tratar de ser creativos, hacer algo distinto, tener visión emprendedora. Eso
sí, con una medida. Unos azotitos, tampoco digo yo que no tengan su gracia. Lo
de dejar marcar ya no le veo la gracia. Si a alguien le ponen mucho las fustas,
que se compre un caballo (de trapo, no quiero una demanda de asociaciones en
defensa de los animales). O que se vaya a Japón, que les encanta, te pagan una
pasta por ponerles tibios. Si es que los japoneses son raros.
No sé, es posible que sea un mojigato, un tipo sexualmente
aburrido que no merece ser escuchado por gente sexualmente activa e
imaginativa, que sabe disfrutar de la vida a tope. Puede que tengáis razón y no
sepa de qué hablo.
Pero si acabáis ensartados en alguno de vuestros
electrodomésticos, si el tostador último modelo no os quiere devolver vuestro
gusanito, si los niños vuelven del colegio y no encontráis las llaves de las esposas, no me llaméis.