"Ocho mentiras y una verdad acerca del fútbol" (Yorokobu.es)
Hoy quiero hacer referencia directa al post cuyo enlace
aparece aquí. Me gustaría responder a las cuestiones que el autor plantea. Mi
punto de vista es el de un amante del fútbol.
Sin duda, tiene todo el derecho a criticarlo. Pero en mi
opinión, parte de una premisa equivocada: no sabe diferenciar entre deporte y
espectáculo. No es lo mismo. Ni mucho menos. Con este error bastante habitual
es fácil caer en un planteamiento demagógico, que nace del desconocimiento.
No niego que este juego tiene una parte cada vez mayor de
espectáculo. Pero ese show mediático crece alrededor del juego, que es lo
esencial para los que nos apasiona el fútbol. Lo que ocurre en un terreno de
juego, entre dos equipos y un balón.
Y eso no ocurre únicamente en grandes estadios, en ligas
profesionales, entre millonarios analfabetos y superficiales. Es lo que pasa en
cualquier pista de barrio un sábado por la mañana, entre un grupo de amigos.
Veamos esas 8 mentiras que defiende Antonio Dyaz:
1. Es el deporte Rey
Por supuesto no es el único deporte que existe, pero sí el
mayoritario. Lo es en Europa, América del Sur y África. Entre los países de la
Commonwealth de los que habla hay otras disciplinas, pero Inglaterra o Irlanda
también forman parte de ella y el suelo inglés es la cuna del balompié.
Además si no es el más practicado (dudo que haya un deporte
con mayor número de licencias federativas), no hay duda de que es el más visto.
Las ligas europeas se visionan en todo el mundo. Es prácticamente imposible no
ver un partido en alguna franja horaria.
2. Es un deporte popular
Lo es porque cualquiera puede jugarlo. Creo que aquí es
donde se nota que Antonio no lo ha practicado nunca. El fútbol se ve, pero
sobre todo se juega. Con un balón y amigos, es suficiente. No se necesita nada
más. Las porterías pueden ser dos piedras. Si lo ha practicado, olvidó esa
experiencia tan maravillosa.
3. Exalta los valores del equipo
Jugando aprendes valores como la solidaridad, el respeto al
contrario, el trabajo en equipo, a cumplir las reglas. La corrupción y la
indignidad están en la sociedad, no en un campo.
4. Los jugadores de fútbol son un buen ejemplo
Tratar de convertir a un jugador profesional en un referente
para los demás es un error. Los ejemplos de un niño deben ser sus padres,
hermanos, familiares, amigos y profesores. Los que pueden enseñarles lecciones
de vida diarias.
5. El fútbol une a la gente
Habla de la rivalidad fanática entre equipos, la defensa
irracional de unos colores. De nuevo habla desde la ignorancia. Los radicales
no son aficionados, son delincuentes que proyectan su violencia escondiéndose
detrás de una camiseta. Ninguna persona ejemplar defensora de los animales, al
pasar por la puerta 2 del estadio se convierte en un animal. Ya venía así de
casa.
Por cierto, existen casos que demuestran su poder
unificador, como equipos de niños de Israel y Palestina, capaces de olvidar el
odio ancestral de sus pueblos en torno a un balón.
6. Potencia lo local
Cierto Antonio, cada vez más los grandes equipos pasan a
manos de magnates que piensan que todo tiene precio. Pero vuelves a olvidar una
segunda lectura: los pequeños equipos que permiten a mucho niños en zonas
marginales escapar de la sordidez que les rodea, aunque no se conviertan en
estrellas (no todo gira en torno a los profesionales, no son lo más importante),
les ofrece un espacio seguro, rodeado de otros niños como ellos.
7. El fútbol es cultura
No tiene porque ser una expresión artística. Como no lo es
el tenis o la Fórmula 1. Todos tienen un componente visual, una belleza
plástica que puedes apreciar o no. Me gusta mucho el fútbol y me encanta leer,
el cine, la música, la pintura. No es incompatible. Si piensas que un
aficionado al fútbol es un bárbaro subdesarrollado, violento e irracional, es
que no conoces a ningún auténtico aficionado al fútbol.
8. El fútbol potencia la igualdad y la no discriminación
Insistes en dar al fútbol una trascendencia vital que no
tiene. Vivimos en una sociedad llena de prejuicios: racismo, homofobia,
machismo. Pero todos esos prejuicios se generan fuera de los campos y algunos
los llevan dentro.
Por supuesto que el circo alrededor del deporte es excesivo,
pero es rentable y por esa razón se alimenta. Yo no veo los programas
“deportivos” de televisión basados en rumores y gritos, apenas leo la prensa
deportiva salvo para ver los resultados, me da igual la novia que tenga uno o
el último coche que se compre.
También me parece indecente que el presupuesto de el Museo del Prado sea inferior al de la mayoría de equipos de fútbol. Pero, ¿de eso es también responsable este deporte?. ¿No tienen nada que ver los gestores y responsables del área de Cultura?. ¿Le hacemos culpable del calentamiento global, el hambre en el mundo, las guerras?
Disfruto con el juego, no con el negocio. Aún es posible
separarlos.
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