Abren el primer
hospital de desintoxicación para las personas adictas a las nuevas tecnologías
(La Capital.com)
Por fin alguien se ha dado cuenta de un serio problema que
afecta al mundo moderno. Parece que nadie quería verlo, pero existe. Es una
epidemia, cada día avanza de forma silenciosa pero imparable. Es Internet y las
redes sociales.
Los tecnológicos son una secta más poderosa que ayer y menos
que mañana. Los modernitos y sus aparatos son el nuevo ejército del mal que
señalan con su dedo acusador a los que aún no forman parte de su religión
cibernética. Herejes que empiezan a ser una minoría perseguida y acosada.
Pero para ellos se abre una luz al final del túnel, un rayo
de sol en la noche oscura. En EEUU (siempre ellos) han reconocido que algunas
personas (millones) tienen un “problemilla” con lo de las redes sociales y el
internet.
Y como allí siempre hay un doctor que tiene el antídoto
perfecto para cualquier aflicción física o mental que pueda surgir (incluso
para las que aún no se han detectado), ya tienen un tratamiento para acabar con
los politoxicómanos de los aparatitos.
Parece ser que en 72 horas te dejan limpio con la primera
fase. Supongo que para conseguirlo en un tiempo tan corto será un tratamiento
de choque. Aislamiento total. Nada que tenga enchufe, puertos USB o conexión Wifi.
Lo mejor una habitación oscura, sin luces, ni ventanas (los peores son los
adictos que todavía usan Windows).
Que el individuo sienta lo que es estar más de 30 segundos
sin saber que ha pasado en Twitter. Que pase tres días desconectado y cuando
salga de la celda de reclusión descubra que el mundo no ha desaparecido. Que el
mar aún es azul, los políticos siguen mandando, Sálvame Deluxe es el mejor
programa de la televisión mundial y sus amigos de Facebook siguen ahí. EL mundo
permanece tal y como estaba tres días antes.
El tratamiento completo consta de 10 días de duración y
tiene un coste de 14 mil dólares. No es dinero a cambio de recuperar tu vida
real.
Aunque la noticia no ofrece detalles concretos de este tratamiento,
parece que se hacen terapias de grupo y se aprende a interactuar con la
tecnología de forma saludable. Es decir, te enseñan que para relacionarte con
una persona que tienes a cuatro metros de distancia no es necesario Twitter, ni
sms ni whasap. Existe un método ancestral y útil: la comunicación oral.
En mi opinión sería muy saludable que una de las prácticas
fuera establecer una hora de lectura al día. Para que algunas personas recuerden
que antes de los Ipad y Ebook existían los libros, unos seres mitológicos con
palabras impresas en papel.
Kimberly Young, el psicólogo responsable de la cura (por un
momento me ha recordado a Walking Dead, no por la epidemia sino por lo de los
zombies, clavaditos a más de uno/a de los que van con el Smartphone por la
calle), avisa que nadie es inmune a este mal. Ni la raza, ni el sexo, ni la
condición social te salvan. Es cierto que los hombres de clase acomodada entre
20 y 40 son la población de riesgo máximo, pero cada vez más se extiende entre
las mujeres y gente con menor poder adquisitivo (muchos de los que venden la
Farola a la puerta de los supermercados tiene móviles mejores que el mío).
Humanos, no dejéis que las máquinas os dominen. Antes de que
sea tarde, levantad la cabeza de la pantalla y mirad al mundo que os rodea, el
de verdad.