“Un «chip» localiza al trabajador para evitar
accidentes, ausencias y el acceso a zonas restringidas” (Prevencionar.com)
Esta puede parecer una noticia sin chicha, relacionada con
la Prevención de Riesgos laborales. Si la leemos de manera superficial, habla
de un chip que en algunas empresas han instalado en prendas de trabajo para
evitar accidentes, poder asegurarse que el trabajador no entra en zonas de
riesgo sin la protección adecuada.
Pero un momento de reflexión. Si ese chip localiza en todo
momento al trabajador, ¿no será su función principal otra?. Claro que sí. Si te
vas a echar un pitillo en el tiempo que deberías estar haciendo tu trabajo, tu supervisor
lo sabrá y pasarás directamente al club más grande del mundo: el paro.
Imaginaos que esto que ahora es algo experimental se hiciera
universal. Todos controlados durante la jornada laboral. Se acabó esa parte de
clandestinidad que da emoción al trabajo: el escaqueo.
Para los comerciales, adiós a la buena vida. Su jefe sabría
en todo momento donde está, nada de visitas a la Casa de Campo, ni “comidas de
trabajo” de 4 horas o la partidita de mus con los amigos. Tendrían que trabajar
de verdad, todo el rato.
En la oficina no sería mejor. Todos los que van al baño cada
hora tendrían que aprender contención de esfínteres. El chip además de
localizador, llevaría una microcámara que aseguraría a tu superior que
realmente has ido al baño a realizar tus funciones fisiológicas, no a hablar
por el móvil o a jugar al Candy Crash. También llevaría un contador para
cronometrar el tiempo que tardas: “López
emplea usted 8 minutos 42 segundos de media en el baño. Es un tiempo
inaceptable. O aumenta su productividad o reduce sus micciones y deposiciones,
usted verá”.
Cuidado los expertos en fingir que trabajáis cuando en
realidad os dedicáis a leer Marca.com, Cosmopolitan.com o a ver vídeos de
Youtube y ponéis el Outlook del trabajo cuando se acerca algún jefe, recordad
la microcámara, que también graba, para que no podáis decir después “eso es mentira, es su palabra contra la
mía, yo nunca he visto porno lésbico malayo, en horas de trabajo no”.
Pero esto no es lo peor. Pensad que un día el horror avanza,
sale del mundo laboral y se instala en nuestra vida cotidiana.
Nunca más adolescentes que pudieran mentir a sus padres:
- Estoy aquí en casa de julio, estudiando. Me quedaré a
dormir para madrugar y seguir preparando el examen de física.
- Claro hijo y las otras 10 personas desnudas metiéndose
cocaína y pastillas son los profesores de apoyo, ¿no?. Por cierto dile al enano
que por muy pequeño que sea por ahí es imposible que entre. Y tú ya estás
perdiendo el culo hasta aquí.
La infidelidad, la mentira, elementos indispensables en
cualquier relación, serían un recuerdo del pasado.
Por mucho que te ponga esa cajera del Mercadona, olvídate de
pasarte después de trabajar a hacerle una visita disfrazado de fontanero tras
decirle a tu mujer “cariño no me esperes
a cenar que tengo un lío en la oficina, no sé a qué hora acabaré”. Y tú
amiga, con el profesor de Pilates, ese tan cachas que además lee a Paulo Coelho
y te escucha, nada de horas extras practicando posturas de relajación
clitórica. Si tu marido no te completa, cómprate un vibrador.
Y lo peor, la duda. Nadie aceptaría regalos de los demás. “¿Llevará un chip el jersey que me regaló el
otro día mi marido?. En 12 años nunca se había acordado de nuestro aniversario.
Seguro que sabe lo del jardinero”. “Qué raro, mi mujer lleva años quejándose de
que no dejo el móvil y ahora me regala un Iphone5 que dice que le ha tocado en
una rifa de la parroquia”. “Suspendo 7 y en vez de castigarme, mis viejos me
regalan un Ipad. Lo usaré sólo para estudiar por si acaso, para pelarmela me veré las películas que esconde mi padre en su cuarto de bricolaje”.
Esto es el progreso. Pa el que lo quiera. Yo prefiero el
descontrol y la mentira, es más humano.
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