La afición del Valencia, indignada tras la derrota ante
el Swansea (Antena3.com)
Este titular lo
comento a petición de uno de mis seguidores habituales. Lo hago encantado,
agradezco vuestras sugerencias.
Entiendo que para
alguien que no siente la más mínima pasión por el fútbol (cada vez más gente),
esta puede ser una noticia que le llame la atención. Pero todos los años ocurre
al menos con dos o tres equipos, especialmente a final de liga cuando las
aficiones asumen que el año próximo se verán en Segunda.
Es lógico que para
los espectadores pasivos, aquellos a los que no les interesa el asunto de la
pelotita pero se ven inundados de información cercana a él, les sorprenda que
un grupo de personas pueda manifestarse indignada por la situación de un equipo
de fútbol y no salga a la calle por temas que les tocan directamente. Que
puedan sentir más la situación de “su equipo” que la personal.
Podríamos hablar
durante horas del tema y no llegaríamos a un acuerdo. Yo soy un apasionado del
fútbol, lo admito. No pretendo que todo el mundo comparta esa pasión y menos
que deba entenderla. No trataré de justificar ninguna actitud.
Principalmente
porque como aficionado al fútbol nunca he ido a las puertas del estadio en una
mala racha de mi equipo para pedir explicaciones por lo que creo que me están
haciendo esos millonarios en pantalón corto. No he coreado “jugadores
mercenarios” o “menos millones y más cojones” (los aficionados indignados no
son creativos, en todos los estadios gritan lo mismo). No he golpeado una parte
tras la que estaban los culpables de mi dolor.
Lo habitual es que
aquella masa cabreada y en ocasiones violenta, seis meses antes vitoreaba a los
mismos jugadores a los que ahora amenaza e insulta cuando ganaron un título y
les hicieron felices. Los mismos que se besaban el escudo, gesto que era
jaleado por los aficionados, hoy son casi unos delincuentes.
Ese carácter
voluble, por mucho que lleves la camiseta de tus ídolos, puedas ondear la
bufanda en noches de gloria, la misma que luego utilizarás para taparte la cara
cuando tus intenciones no sean pacíficas, no te convierte en un aficionado.
Esa es la gran
diferencia entre un apasionado de un deporte (es aplicable para cualquier otro,
no es algo exclusivo del fútbol) y una persona que utiliza unos colores para
liberar su rabia contenida, su frustración. Tened claro que el que es violento
en un campo de fútbol no sufre una transformación de Doctor Jekyll a Míster
Hyde. Ese ya viene violento de casa.
Igual que los
supuestos “programas deportivos”, aquellos que deberían mostrar la esencia del
juego, hablan de cualquier cosa menos de fútbol. Elevan a la categoría de
noticia cualquier gilipollez sobre quién está enfadado, el coche más caro, la
novia más guapa. Nada que ver con lo que pasa en el terreno de juego.
Para saber cuál es
el significado real de este deporte, lo mejor es practicarlo, ir con unos
amigos cada semana a jugar, sin más motivación que disfrutar.
Asumo que para
muchos este deporte no tenga sentido. Solamente os pido que no apliquéis una
generalización, que no veáis a todos los que se llaman aficionados iguales.
Acabo con una buena
noticia: esta semana habrá partidos de fútbol todos los días de la semana. Esos
mismos que gritaban en jueves, el domingo pueden estar coreando los nombres de
los “mercenarios”.
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