martes, 10 de septiembre de 2013

Testículos y paternidad

El tamaño de los testículos revela la implicación del hombre en el cuidado de los hijos (Europa Press Salud)


Creo que al final me decantaré por sacar un libro basado solamente en estudios científicos. Son una fuente de inspiración inagotable.

El de hoy es el mejor hasta el momento, al menos en mi opinión. Será muy difícil desbancarlo del número 1.

Este es de la Universidad de Emory (Atlanta) y relaciona la capacidad paternal de un hombre con el tamaño de sus testículos.

Cuanto más pequeños sean, mejor padre será. Su disposición a ocuparse de su hijo, dedicarle tiempo, compartir con la madre tareas diarias como el cambio de pañales o el baño, será mayor si su bolsa escrotal es del tamaño de David el Gnomo.

Machos de bar y gimnasio, toda la vida haciendo alarde de los huevos tan grandes que tenéis, sin saber que lo que estabais manifestando era vuestra incapacidad de ser padres. Fecundar seguro que lo hacéis mejor que nadie, vuestro esperma es de campeón. Pero después, cuando llega lo importante (porque lo de meter el churrito lo podemos hacer todos, aunque no sea espectacular), nada de nada.

Si esa teoría fuera cierta, los mejores padres de la historia serían los eunucos. Claro que primero algún voluntario debería tenerlos por ellos, para que después se encargaran de darles la mejor infancia que un niño pudiera tener.

Si lo piensas con calma, hay elementos que indican que esta teoría está muy cerca de la verdad. Si le preguntas a alguna amiga que sea madre sobre la participación de su pareja en el cuidado de los niños, si tiene algo que reprocharle te contesta “este, menudos huevos tiene, que oye al niño llorar por la noche y no es capaz de levantarse, se hace el dormido para que tenga que ir yo”.

Tranquilos machorros que os queda una esperanza. El estudio afirma que el buen padre no tiene que poseer necesariamente unos testículos minúsculos desde que nace, puede tenerlos como un caballo y en el momento de ser padre sufrir una disminución drástica de volumen escrotal, convirtiéndose en un gran progenitor. Según varíe tu nivel de compromiso paternal, tus testículos se inflarán y desinflarán como un balón de fútbol

Porque todos esos tipos que van de duros, en el fondo son unos sensibles. Desean más que nada en el mundo mecer a una criatura entre sus brazos, dormirla con suaves nanas. Pero la sociedad les exige que sean hombres de verdad, rudos, primarios. Les obliga a machacarse en el gimnasio y comprarse camisetas de tirantes tres tallas más pequeñas para que todos puedan admirar su virilidad. Y esto no es suficiente, deberán refrendarlo con historias épicas de su potencia sexual, igualable únicamente por los dioses.


Ya sabéis chicas, si el tamaño si os importa pero en el futuro queréis ser madres, deberéis preguntarle a vuestro hombre, “cariño ¿encogerás tus enormes testículos por nuestros hijos?”.

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