Detenido el director de un parque acuático en Madrid por
robar agua (Europa Press)
Vaya manera de empezar la semana. Con una noticia que me
llena de tristeza viendo a qué niveles de miseria moral hemos llegado por la
maldita crisis.
Han detenido al director del parque acuático Aquópolis, uno
de los centros de peregrinaje míticos de los veranos en la Comunidad de Madrid.
Quién no ha ido alguna vez a pasar allí el día con sus colegas (yo no fui, no
por falta de colegas, sino por falta de ganas).
Era algo más que un día entre toboganes de agua y tías en
bikini. Era un viaje formativo. La travesía hasta Villanueva de la Cañada (está
en Madrid pero a tomar vientos de la capital, como esos anuncios de chaleses
“su vivienda en Ocaña a 20 minutos del centro de Madrid”) que se iniciaba casi
con el alba, constituía ya motivo suficiente para que la experiencia fuera
genial.
Luego tenías todos aquellos toboganes de diferentes formas,
alturas y peligrosidad. Cada uno a su manera te ofrecía lo que busca cualquier
adolescente: putear al prójimo.
Ya fuera en la piscina con olas (concepto que aún me parece
revolucionario) salpicando todo lo posible a las jovencitas que estuvieran
cerca, ese de los flotadores gigantes quedándote bloqueado en la bajada para
forma un tapón o el kamikaze tirándote antes de que te lo dijera el monitor
poniendo en peligro tu vida y la del que estaba delante. Qué sensación ver las
caras de miedo y odio de todos los que te rodeaban. Siendo adulto solamente
puedes experimentar algo parecido si eres Director General.
Todos esos maravillosos recuerdos se convierten en cenizas,
se empañan por la indignidad de este sujeto que ha profanado uno de los mejores
empleos del mundo.
Director de un parque acuático parece un trabajo guay. Solamente
trabajas tres o cuatro meses, si eres jefe ganarás una pasta y podrás dedicarte
el resto del año a vivir la vida. Además estás en un entorno laboral con todo
el mundo en bañador, es decir, con unas vistas excelentes independientemente de
cuáles sean tus preferencias y aunque haya menores, si solamente miras no te
pueden acusar de nada (no vale hacer fotos).
Fijo que puedes tirarte gratis
todas las veces que quieras por los toboganes y tendrás barra libre en los
chiringuitos de helados.
Pues este señor renuncia a ese paraíso por robarle agua al
Canal de Isabel II para sacarse unos 500 mil €. No merece la pena.
Si al menos hubiera sido un robo de guante blanco, de esos
bien planificados, que pudieran hacer una peli o mini serie, pues bien. Pero
fijo que fue una cutrería.
Se iría por las noches con tres empleados ecuatorianos sin
papeles a los que tenía trabajando diez horas diarias sin contrato de trabajo
ni seguridad social por 150 € al mes y se llevaban el agua con cubos, andando
de puntillas para ser sigilosos. En total trincaron unos 350 mil metros
cúbicos, así que debían llevar haciéndolo desde el siglo pasado. Igualitos que
los de Ocean Eleven.
Una mención también para esas gentes del Canal de Isabel II
que no se habían enterado de que les estaban guindando agua. El día que miraron
en el depósito y estaba vacío, debieron plantearse que algo raro estaba
pasando. Hace calor, pero tanto como para evaporar 350 mil metros cúbicos, no.
Entiendo que la crisis es algo terrible, que saca lo peor de
nosotros. Pero debemos establecer una línea que nadie pueda cruzar. Hoy son los
parques acuáticos, ¿qué será mañana, pillaje en las piscinas de bolas?
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