La mayoría de los hombres casados suelen repetir
constantemente como un mantra lo terrible que es el matrimonio, especialmente en
presencia de solteros: “menuda envidia,
tú vives libre, sin que te controlen, no se te ocurra casarte nunca, hazme
caso”.
Seguro que algo parecido es lo que pensó el ciudadano de
Columbia que iba conduciendo y recibió una llamada de su mujer: “a ver qué quiere ahora esta, no me deja ni
diez minutos de tranquilidad, luego se extraña si me paso algunas tardes por el
bar de Joe”.
Su querida esposa necesitaba panes de perritos calientes
(estos estadounidenses y sus dietas sanas). A regañadientes porque se perdía su
programa de tele favorito, uno de vídeos de gente dándose golpes y
fracturándose huesos, paró buscando una de esas tiendas de gasolinera en las
que encuentras de todo (esta noticia tiene todo el sabor americano).
Fíjate que suelen tener de todo, pero justo panes para
perritos no tenían. El hombre ya se imaginaba lo que le esperaba: “Si es que no te puedo encargar nada,
desastre, está visto que si quiero algo tengo que hacerlo yo. Pues esta noche
nada de cena casera, toca pizza”. Y tuvo uno de esos momentos de
inspiración casi divina que en la existencia de una persona aparecen un par de
veces como máximo. Decidió comprar un boleto de lotería.
Era la segunda vez que jugaba en su vida. El jueves estaba
en casa disfrutando de buena compañía, su perro. Dieron los números por la tele
y comprobó asombrado que acababa de ganar casi 400 millones de dólares.
No se conoce la identidad del afortunado ya que en el estado
de Carolina del Sur existe la obligación de no difundir los datos del ganador
si este no lo autoriza. Mira, esto lo podíamos copiar. Lo mejor si te toca ese
cerro de dinero es que nadie lo sepa. De lo contrario te convertirás en la
noticia de la semana.
Salir en todos los telediarios puede parecerte genial, ser
el centro de atención del país. Pero tras tus 15 minutos de gloria, la noticia
dejará de serlo y todas las cámaras dejarán de enfocarte. Pero habrá mucha
gente que no olvidara la pasta que tienes. Todos los nuevos amigos y los que no
lo eran pero fingían serlo por si algún día ocurría algo como esto, aparecerán
en peregrinaje para intentar asestarte un sablazo. La familia que te ignoraba
volverá cubierta de lágrimas declarando su profundo amor por el que siempre ha
sido su sobrino/primo/hermano preferido. Como buitres al olor de un cadáver en
descomposición, caerán sobre tu dinero buscando llevarse todo lo que puedan.
Si no eres cuidadoso y tu entorno está repleto de alimañas,
ganar una cantidad irreverente de pasta, puede ser más una maldición que un
golpe de suerte.
Seguro que el ciudadano de Columbia no habrá podido
resistirse a la tentación de contar su hazaña al menos entre los habituales del
bar de Joe, a los que considera su círculo de confianza. Pero no habrá sido
justo, a ninguno le confesará que si su mujer no le hubiera mandado a un recado,
ahora no estaría forrado de billetes, sería un perdedor más del grupo.
A todos los casados y emparejados felices, el rollo del
condenado a trabajos forzados no cuela. El que tiene una buena mujer tiene un
tesoro. Si además tienes 400 millones de dólares, mejor
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